martes, 19 de abril de 2011

REFLEXIÓN SOBRE EL AUGE DE LA EXTREMA DERECHA EN EUROPA

Estamos asistiendo a un nuevo auge de la extrema derecha en Europa. Países como Austria, Holanda, Bélgica, Hungría, Bulgaria y, recientemente, Finlandia han visto crecer el voto ultraderechista y xenófobo en los últimos tiempos. Francia, de la mano de la hija de Le Pen, ha vuelto a levantar al Front National y en Italia la ultraderecha de la Liga Norte está en el poder como aliada de la coalición de Berlusconi.

En todos los medios de comunicación se informa del ascenso de la extrema derecha y se habla de que estos partidos "están recogiendo el voto del descontento popular". Y en gran parte es cierto, pero, ¿por qué ese descontento se canaliza a través de la extrema derecha y no de movimientos alternativos de izquierdas? Hay que tener muy en cuenta que gran parte de los votantes de estos partidos derechistas residen en zonas deprimidas, barrios obreros que solían estar vinculados con ideologías izquierdistas, socialistas y comunistas.

Quienes más sufren las crisis periódicas del capitalismo no son otros que los trabajadores, el pueblo obrero, que ve como sus derechos se ven aún más recortados, sus salarios rebajados o se ven directamente en el paro, mientras que observan (y se les induce a observar, dicho sea de paso) a los inmigrantes como los culpables directos de su situación. Todos sabemos que los inmigrantes llegan huyendo de la pobreza (generada por el capitalismo internacional) y que aceptan cualquier condición laboral al llegar a Europa, de lo cual se aprovecha el empresariado para abaratar el coste de la mano de obra. El típico empresario de derechas y patriota, ese "buen ciudadano", es el que genera explotación y pobreza, tanto con los obreros nacionales como con el inmigrante, ya que se aprovecha de su situación de necesidad para rebajar costes, y si es necesario incluso deslocaliza la empresa en otro país donde el coste de producción sea menor (mano de obra, cuotas de seguridad social, impuestos...).

Pero el trabajador nacional sabe que la cosa no está como para enfrentarse al empresariado y busca la solución a sus males con quien considera su enemigo directo, aquél que lucha por su mismo puesto de trabajo, ese puesto de trabajo cada vez peor pagado y con peores condiciones laborales: el inmigrante.

La conciencia de clase (clase obrera, trabajadora, asalariada) se ve sustituida por la conciencia nacional. Es una opción fácil, sencilla, no hace falta pensar más allá, el DNI nos aclara nuestras ideas, queda muy claro quién es de los míos y quién es el enemigo: el foráneo. Además nos coloca en una situación de superioridad ya que nos sitúa en el bando de la mayoría, la que juega en casa, la protegida por el Estado y la ley, y por el empresariado nacional, que es quien suele estar detrás de estos partidos de extrema derecha. Dejamos de ser obreros explotados y pasamos a ser los autóctonos de un país, dejamos de estar en el lado de los eternos perdedores para engrosar la plantilla nacional entorno a unos símbolos centenarios: banderas, himnos, batallas medievales, y toda una retórica nacionalista para aglutinarnos entorno a un supuesto ideal patriótico que enmascara las condiciones miserables en las que vive la gran masa del pueblo trabajador, ya sea nacional o inmigrante.

Ese discurso radical, triunfa por su simplismo, por su falta de necesidad de análisis de las infraestructuras económicas, porque sirve para descargar el odio contenido (acumulado en época de crisis) sobre grupos en situación de vulnerabilidad. Y al gran capital, ese que controla la banca, los mass media y los medios de producción, le conviene que ese descontento se encauce a través del neofascismo xenófobo (que, como digo, culpa el extranjero) y no a través de otras opciones que cuestionan el sistema en sí. Sin embargo, el comunismo supone una reflexión, una análisis de las relaciones de producción y el conocimiento y cuestionamiento de la información unidireccional que nos llega desde los mass media y el análisis crítico de esta información en base a quién está detrás de dichos medios y qué intereses defiende, por no hablar del conocimiento de los hechos históricos. Esto supone un esfuerzo, formación y tiempo. Y qué decir de todo aquello que supone el ir contra el pensamiento mayoritario y las posibles antipatías que puedas ganarte, incluida la de los dueños de los medios de producción para los cuales trabajas... Es una opción difícil.

Pisar al de abajo siempre ha sido más fácil y cómodo que plantar cara al que está arriba. Pero también es de mentes cortas de mira. Y de cobardes...

1 comentario:

caos-emergente.blogspot dijo...

Mi sociedad ideal no tiene nada que ver con la suya, INFOCONTINENTAL. Cómo se puede ser tan irónico, sarcástico y asqueroso de alabar un artículo como el que he escrito cuando en tu página web te alegras del avance de la extrema derecha en Finlandia.
¿No has leído mi artículo o eres un simple troll?
Al fascismo no se le discute, se le destruye